Más allá de los centros turísticos: un viaje por la República Dominicana verdadera y salvaje


Montañas kársticas cubiertas de pluviselva con manglares primitivos debajo son la característica de una de las áreas protegidas más deslumbrantes del Caribe: el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Montañas kársticas cubiertas de pluviselva con manglares primitivos debajo son la característica de una de las áreas protegidas más deslumbrantes del Caribe: el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Debido a su impresionante variedad de ecosistemas, la República Dominicana parece un continente apretado dentro de la mitad de una isla. Desde su capital, Santo Domingo, a tan solo unas pocas horas en automóvil, se puede llegar hasta pluviselvas en tierras bajas, bosques nubosos, pinares, bosques secos, manglares, sabana, lagunas costeras, lagos salinos, una fosa tectónica, formaciones kársticas, cuatro cadenas montañosas —inclusive la montaña más alta del Caribe— sin mencionar algunas de las mejores playas, actividades de buceo de superficie y de buceo de todo el hemisferio. Sin embargo, por extraño que parezca, la mayoría de los turistas que visitan la República Dominicana nunca se arriesgan a salir de su centro turístico con todo incluido y así se pierden de uno de los paisajes más deslumbrantes —y una vista accesible de la vida silvestre— del Caribe.
Tomemos como ejemplo el Parque Nacional Los Haitises: al conducir por campos de caña de azúcar, plantaciones de aceite de palma, arrozales, pequeñas aldeas, y haciendas, uno se topa de repente con un terreno resplandeciente de montañas kársticas escarpadas cubiertas de pluviselva. No sería negligente creer que está en el Sudeste Asiático. El ingreso al parque comienza con un paseo en bote por manglares primitivos blancos y rojos, mientras los cangrejos de color brillante se escabullen y las aves costeras observan sin impresionarse. Finalmente, los manglares se abren para llegar a la Bahía de San Lorenzo. Aquí, los zopilotes vuelan en círculos en lo alto y así erosionan lentamente las islas kársticas mientras los pelícanos y los charranes se sumergen en busca del almuerzo. Uno tiene la sensación de transportarse al día en que Colón llegó a la isla La Española —en la actualidad compartida por Haití y la República Dominicana— el 25 de diciembre de 1492.

 

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Hermosa pintura rupestre taína de una ballena nadando. Foto: Tiffany Roufs

Pero si bien el impacto de Colón es indudable en la mayor parte de la República Dominicana —el primer asentamiento permanente del explorador fue en el país—, en Los Haitises son los habitantes primitivos de la isla los que dejaron su huella. En cuevas ahuecadas por millones de años de precipitaciones, los Taínos, quienes llegaron por primera vez a la isla alrededor del 650 d. C., tallaron rostros de piedra sombríos y pintaron con destreza pictografías del mundo que los rodeaba: ballenas, aves acuáticas, peces, perros y mamíferos autóctonos. También crearon imágenes de deidades que en la actualidad parecen extraterrestres o niños deformes, y escenas de consumo de sustancias alucinógenas durante un ritual. Los taínos no vivían en estas cuevas específicas, sino que las tomaban como lugares religiosos y espirituales. Aunque Colón exterminó de manera eficiente a los Taínos mediante enfermedades, esclavitud y conflictos armados, investigaciones recientes mostraron que una parte de ellos aún sobrevive: alrededor del 15 % de los dominicanos tiene genes taínos.

Al salir de las cuevas, uno puede caminar directamente hacia una pluviselva virgen. Aquí se han identificado más de 700 especies de plantas, entre ellas, 17 especies endémicas de la región. Además, pueden encontrarse 110 clases de aves (inclusive aves costeras) en el parque, lo que constituye alrededor de un tercio de las aves que se encuentran en la República Dominicana. El parque es también el único hogar del gavilán dominicano (Buteo ridgwayi), una de las aves en mayor peligro de extinción del mundo y probablemente una de las aves rapaces en mayor peligro de extinción. Catalogada como especie en peligro crítico de extinción, solo quedan unos doscientos ejemplares.
Después de navegar por acantilados kársticos totalmente impactantes, visitar las cuevas pintadas y caminar por la pluviselva, se puede viajar hasta Sabana de La Mar para conseguir pescado con coco, un plato que solo se puede encontrar en esta región y que consiste en pescado pequeño frito —conocido como minuta— bañado en salsa de coco. Pero esto es solo un día más en una isla de maravillas.

UNA ABUNDANCIA DE COSAS DESTACADAS FUERA DEL CIRCUITO HABITUAL

Las deslumbrantes vistas son numerosas a lo largo de la Península Pedernales. Foto: Tiffany Roufs.

Las deslumbrantes vistas son numerosas a lo largo de la Península Pedernales. Foto: Tiffany Roufs. 

La República Dominicana está repleta de lugares silvestres para visitar, todos a tan solo unas pocas horas en automóvil desde Santo Domingo. De hecho, la región menos visitada de la República Dominicana es posiblemente la más deslumbrante: Península Pedernales. Esta península era en realidad una isla independiente hasta que chocó con La Española y creó una región completa, casi como una República Dominicana en miniatura debido a su impresionante mezcla de ecosistemas en un espacio geográfico tan reducido. Hay montañas con pluviselva y pinares al norte, una combinación de bosque seco y matorral completamente extraña (como un desierto con vegetación) a lo largo de casi toda la llanura, lagunas grandes a orillas del mar, y las costas y playas menos desarrolladas y más sorprendentes del país.

Parque Nacional Jaragua y Parque Nacional Bahoruco: Juntos, estos dos parques nacionales en Península Pedernales son considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Al sur, Jaragua alberga un amplio paisaje de terreno seco irregular con una vegetación extraña, espinosa y poco atractiva que da la impresión de estar conduciendo en otro planeta hasta que se topa con una vaca perdida entrando a una zona verde. Aquí se puede visitar la laguna Oviedo, un lago híper salino (es decir, con alto contenido de sal) que alberga una amplia variedad de aves costeras y acuáticas, entre ellas, flamencos. Otro paseo puede llevarlo por la playa Las Águilas, de siete kilómetros de largo, que probablemente sea la playa más remota y deslumbrante del país. No existe ningún tipo de desarrollo en la playa —y hasta la fecha se han rechazado los planes para construir centros turísticos— lo que permite nadar en aguas sumamente cristalinas, observar aves acuáticas o escaparse detrás de cangrejos ermitaños sin ser molestados.

Si bien Bahoruco y Jaragua han sido considerados en conjunto para la condición de Patrimonio de la Humanidad, son bastante diferentes. Bahoruco abarca bosques nubosos y pinares en las montañas justo al norte del paisaje de Jaragua. Este es el mejor lugar para avistaje de aves en el país, donde se pueden observar casi 50 especies diferentes. Alrededor del parque, el bosque ha sido fragmentado por la agricultura, pero la zona presume de hermosos ríos de montaña y cambios drásticos en el paisaje.

Ciudad de Pedernales: Pedernales también es el nombre de la ciudad principal de la región y es un excelente punto de partida hacia varios lugares de la península. Pero la ciudad es una experiencia cultural en sí misma: una invasión de motocicletas, música autóctona dominicana (conocida como bachata), y una imperdible frontera con Haití por donde pasan muchos inmigrantes (a veces de manera ilegal).

 

Los colores abundan en el mercado haitiano en Pedernales. Foto: Jeremy Hance.

Los colores abundan en el mercado haitiano en Pedernales. Foto: Jeremy Hance.

Muchos de los habitantes cultivan en los campos circundantes y la gente de aquí vive bastante alejada (aunque no sea geográficamente) de los asuntos urbanos de Santo Domingo. Para tener un sentido real de la cultura del lugar, visite la plaza de la ciudad alrededor de las 10 de un sábado por la noche: allí es donde los locales se acercan a tomar algo, flirtear, conversar y conducir sus motocicletas en círculos interminables alrededor de la plaza.

En Pedernales también se ubica uno de los pasos fronterizos entre la República Dominicana y Haití. Una de las experiencias culturales más interesantes de la ciudad es el mercado haitiano que se organiza 2 días por semana. El paso fronterizo se abre por la mañana para que los haitianos vayan y vendan sus productos, por lo general, alimentos y productos donados al país más pobre del hemisferio occidental. En este mercado a cielo abierto encontrará de todo, desde pescado fresco hasta televisores, antibióticos o gorros de Santa en oferta, y un interesante vistazo de cómo las donaciones hechas a Haití han creado una economía de mercado de pequeña escala pero extraña. La inmigración ilegal de haitianos a la República Dominicana es un gran problema político y se podrá ver que los haitianos tienen un estatus social y político más bajo en el país.

Otras cosas destacadas: Sin embargo, cada región de la República Dominicana tiene sus joyas. Si practicar piragüismo con manatíes en una laguna es su idea del paraíso (incluye andar en kayak entre manglares primitivos), puede hacerlo en la reserva marina Estero Hondo en la parte norte del país. Para poder ver otros mamíferos marinos —inclusive más grandes— los visitantes podrán observar ballenas jorobadas entre enero y marzo a lo largo de la Bahía de Samaná, hacia el este. Cocodrilos, flamencos e iguanas son los atractivos en el punto más bajo del Caribe: lago Enriquillo; o a unas pocas horas de distancia escalar el punto más alto del Caribe, Pico Durante, a 3093 metros. También puede caminar por bosques nubosos en la reserva científica Ébano Verde o en la reserva científica Quita Espuela. De más está decir que abundan los lugares para practicar buceo y buceo de superficie en todo el país.

 

VIDA SILVESTRE

Barrancolí Picogrueso (Todus subulatus), una especie que solo se encuentra en La Española. Foto: Tiffany Roufs.

Barrancolí Picogrueso (Todus subulatus), una especie que solo se encuentra en La Española. Foto: Tiffany Roufs.

Una de las maravillas más grandes de visitar una isla es poder experimentar de primera mano las magníficas variaciones originadas en el taller de la evolución. Ya sea por causa del viento o de las olas, las especies migrantes que terminan en una isla quedan aisladas de la especie primitiva. Con el tiempo, la evolución va generando nuevas cualidades y características hasta que los animales y las plantas varados se diferencian tanto de sus parientes en su lugar de origen que son considerados distintos. Arribar a tal forja evolutiva ha demostrado incluso que acelera el proceso de evolución —como si aquí el fuego fuera más caliente, el acero más maleable—ya que las especies deben adaptarse con rapidez al nuevo medioambiente. Estas nuevas especies son consideradas ‘endémicas’, es decir, no pueden encontrarse en otro lugar. Por ejemplo, todas las especies de lémures en el mundo son endémicas de una isla: Madagascar. No es casualidad que los viajes de Darwin a las Islas Galápagos lo hayan ayudado a formar y expresar la teoría de la evolución; en las islas, la evolución parece casi jactanciosa.

Por su habilidad para volar —y, por lo tanto, dispersarse con mayor facilidad que la mayoría de las especies— las aves tienen menos posibilidad de volverse endémicas que, por ejemplo, los mamíferos o los reptiles. Sin embargo, la isla La Española alberga la sorprendente cantidad de 32 aves endémicas. Entre ellas se incluyen dos especies tornasoladas de barrancolíes (un tipo de ave que solo se encuentra en el Caribe); el encantador trogón de La Española (Priotelus roseigaster); el aratinga de La Española (Aratinga chloroptera); un loro conocido como cotorra de La Española (Amazona ventralis); dos cucúlidos; la lechuza de La Española (Tyto glaucops); el segundo colibrí más pequeño del mundo, el zumbador esmeralda (Chlorostilbon swainsonii); y el gavilán dominicano en peligro crítico de extinción.

En total se han identificado más de 300 aves en la República Dominicana entre aves migratorias, acuáticas y endémicas, lo que convierte al país en uno de los mejores lugares para avistaje de aves de la región.

Si bien las aves son deslumbrantes —y este es por lo general el foco del ecoturismo— la isla, de hecho, alberga el cuádruple de reptiles y anfibios endémicos. Hasta ahora, los investigadores han descripto alrededor de 150 reptiles y anfibios endémicos. De hecho, solo alrededor del 5 % de los reptiles y 2 % de los anfibios de La Española pueden encontrarse en otra parte. Algunos de los reptiles y anfibios de La Española están al borde de la extinción: el lagarto gigante de La Española (Celestus warreni), la rana espinosa gigante (Eleutherodactylus nortoni), y la rana ladrona de La Española (Eleutherodactylus leoni) figuran en la lista de especies en peligro crítico de extinción.

Al igual que muchos países del Caribe, la República Dominicana es también conocida por sus iguanas, que, en comparación, son algunos de los animales endémicos más grandes de la isla. El país alberga dos especies endémicas: la iguana rinoceronte (Cyclura cornuta) y la iguana de Ricord (Cyclura ricordi). Si bien la iguana rinoceronte es una de las iguanas más populares en el comercio de las mascotas, está catalogada como vulnerable. Por otro lado, la iguana de Ricord está considerada como especie en peligro crítico de extinción y se destaca por sus ojos rojos brillantes.

Poco conocido en la República Dominicana y en el exterior, el solenodonte de La Española es uno de los mamíferos más extraños y antiguos del planeta. Foto: Tiffany Roufs.

Poco conocido en la República Dominicana y en el exterior, el solenodonte de La Española es uno de los mamíferos más extraños y antiguos del planeta. Foto: Tiffany Roufs.

 

 

Existen solo dos —sí, DOS— mamíferos terrestres autóctonos de La Española. Solían existir muchos más (incluso dos primates, tres animales similares a la musaraña, siete perezosos terrestres y diez roedores (uno de los cuales tenía el tamaño de un oso), pero todos han desaparecido para siempre de La Española. La llegada del pueblo taíno provocó una ola de extinción de mamíferos ya que los indígenas se convirtieron en los mayores cazadores de la isla. Luego, la invasión de los españoles, quienes llevaron ratas y perros, acabó con el resto. En la actualidad, solo sobreviven la jutía y el solenodonte, aunque ambos están considerados como especies en peligro de extinción.

La jutía de La Española (Plagiodontia aedium) es un roedor que vive en los árboles que se parece a un conejillo de Indias arbóreo y tiene parientes en otras islas del Caribe. Por extraño que parezca un conejillo de Indias que trepa árboles, pocos animales en el mundo son más extraños que el solenodonte de La Española (Solenodon paradoxus). Este animal similar a la musaraña es uno de los mamíferos más antiguos del mundo ya que se remonta a unos 76 millones de años atrás cuando se escabullía por debajo de las patas de los dinosaurios. Existen solo dos especies que representan a la familia completa de solenodontes en el mundo; otra especie se encuentra en Cuba y se la considera casi extinguida. Además de ser más antiguos que el Tiranosaurio Rex, los solenodontes son los únicos mamíferos en el mundo que segregan veneno por los dientes como una serpiente.

En cuanto a los murciélagos, se conocen alrededor de 19 especies en la isla. Sin embargo, esta es un área donde se ha investigado poco y es muy posible que haya mucho por aprender sobre los murciélagos de La Española.

CÓMO VISITAR LA ISLA: EXCURSIONES

Cangrejo ermitaño en Península Pedernales. Foto: Tiffany Roufs.

Cangrejo ermitaño en Península Pedernales. Foto: Tiffany Roufs.

A menos que tenga una práctica considerable en conducir en condiciones impredecibles, hable español y ya sea un experto en vida silvestre dominicana, la mejor manera de recorrer el país y observar la vida silvestre es contratar un paquete de ecoturismo.

Una parte de nuestro viaje la hicimos con una empresa de ecoturismo llamada Explora! Ecotour. Dirigida por Oly y Manny, una pareja joven con una profunda pasión por su país y el medioambiente, Explora! es realmente la próxima generación de ecoturismo en la República Dominicana. Explora! no lo lleva solo a ver algunos lugares hermosos, sino que explica con franqueza los problemas medioambientales que tiene el país. El grupo también se concentra en lograr que el turismo le sirva a la economía local, por ejemplo, el almuerzo se hace en restaurantes locales elegidos especialmente, para así resaltar lo mejor de la cocina autóctona así como también retribuirle a la comunidad local.

Anole no identificado en el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Anole no identificado en el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Al haber pasado una parte de sus vidas en los Estados Unidos, tanto Oly como Manny hablan un inglés perfecto y no solo les apasiona mostrar su país a los turistas extranjeros, sino que también organizan varias excursiones para los dominicanos que quizás no se den cuenta de la asombrosa biodiversidad de su país. Explora! tiene una gran cantidad de excursiones (más de 25 hasta el momento), muchas de ellas fuera del circuito habitual, entre ellas, Los Haitses y una cantidad de lugares en Península Pedernales. Recomiendo ampliamente Explora! para cualquier persona que viaje a la República Dominicana.

Otra opción, en especial para ornitólogos expertos, es Tody Tours. Dirigido por una expatriada, Kate Wallace, Tody Tours se concentrará en asegurarse de que vea la mayor cantidad de aves endémicas posible. Wallace es una leyenda local por su trabajo y defensa de la conservación. Ella también abrió el camino para el ecoturismo en el país.

Una última empresa de turismo que me han recomendado es Ecotour Barhaona, que realiza varias excursiones de senderismo de varios días de duración entre otras opciones.

Para ver a los escurridizos y extraños —la jutía, el solenodonte y el gavilán dominicano— se deberán organizar excursiones especiales.

Apartarse del circuito habitual en un país como la República Dominicana hace reconsiderar cualquier preconcepto que pudiera tener del Caribe, una región de diversidad silvestre y sorpresas culturales. El Caribe no es solo playa y piña colada; no solo atiende a turistas estadounidenses y europeos. En cambio, es una región de variedad deslumbrante y sorpresas constantes; un lugar que tanto animales maravillosos como personas apasionadas llaman hogar.

 

Charranes reales pelean en el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Charranes reales pelean en el Parque Nacional Los Haitises. Foto: Jeremy Hance.

Bosque nuboso en la Reserva científica Ébano Verde. Foto: Tiffany Roufs.

Bosque nuboso en la Reserva científica Ébano Verde. Foto: Tiffany Roufs.

 

Mini araña saltarina no identificada en el bosque nubosos en la Reserva Científica Ébano Verde. Foto: Tiffany Roufs.

Mini araña saltarina no identificada en el bosque nubosos en la Reserva Científica Ébano Verde. Foto: Tiffany Roufs.

 

La República Dominicana tiene la mayor extensión de manglares del Caribe, muchos de ellos en buenas condiciones. Foto: Tiffany Roufs.

La República Dominicana tiene la mayor extensión de manglares del Caribe, muchos de ellos en buenas condiciones. Foto: Tiffany Roufs.

 

El zumbador esmeralda (Chlorostilbon swainsonii), el segundo colibrí más pequeño del mundo. Foto: Tiffany Roufs.

El zumbador esmeralda (Chlorostilbon swainsonii), el segundo colibrí más pequeño del mundo. Foto: Tiffany Roufs.

 

 

 

 

Jeremy Hance, mongabay.com
Traducción de Natalia Steckel
March 03, 2013

http://es.mongabay.com

 

 

 

 

 

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