Samaná: Playas vírgenes por poco tiempo…


por Gonzalo Argandoña Mc., para el suplemento de Tendencias

Elegido por New York Times como uno de los 45 lugares por conocer durante este año, esta región de República Dominicana cuenta con una de las mejores playas del Caribe. Un sitio que aún suena poco, pero que está destinado a convertirse en hit.

Podríamos decir que Samaná es como el Prince Royce del turismo; mientras Juan Luis Guerra vendría siendo algo así como el Punta Cana de la música. Porque si el líder de los 440 fue quien puso el nombre de la bachata en los oídos de todo el continente, haciendo bailar -también con merengue- a todos en los 80 y traspasó las fronteras de República Dominicana, hoy este veinteañero, nacido en el Bronx pero criado como un dominicano por sus padres isleños, le ha dado un nuevo impuso y un soplo de aire fresco a la bachata, el más popular de los estilos musicales que se escuchan en esta parte del Caribe.

Samaná, una península y provincia dominicana, también le ha traído oxígeno a la principal industria de la isla y, como en el ejemplo musical, más que rivalizar con su balneario “competencia”, viene a potenciarlo y a sumar más adeptos en un país que tiene al turismo como primer sector generador de divisas, con más de 4,1 millones de visitantes al año, desplazando al cultivo de la caña de azúcar y la producción de ron que, por años, fueron las actividades económicas principales.

Con un estilo y atributos distintos a las ya famosas Punta Cana y Bávaro, Samaná está entrando con fuerza, ofreciendo un turismo menos masivo -no por eso más caro-, menos desarrollado -no por eso menos confortable-, pero por sobre todo, con un sello más local.

Su desconocimiento y, en parte, virginalidad se deben a su ubicación algo remota en la parte noreste de la isla. Por años fue considerado uno de los reductos intactos del Caribe, pero hoy eso está por cambiar. El aeropuerto internacional de El Catey acercó la región al turismo de charters provenientes principalmente de Canadá, Estados Unidos e Inglaterra, y una nueva carretera, estrenada hace muy poco, acortó su distancia con Santo Domingo de cinco a dos horas, acercando así al mercado latinoamericano, que puede usar a la capital dominicana como punto de entrada.

Esta zona tiene como principal poblado a Santa Bárbara de Samaná, aunque usualmente se le conoce sólo como Samaná, de apenas 50 mil habitantes y que se ha volcado al turismo claramente, con casitas de madera en estilo victoriano, pequeñas y coloridas tiendas, puestos de artesanías y suvenires, casas de ron y uno que otro restaurante. También encontrará variado comercio, pero aún a pequeña escala, desde bares y sitios frecuentados por gente del pueblo, a sandwicherías, agencias de excursiones, entre otros.

A diferencia de Punta Cana, que es un invento reciente, Samaná es más antiguo -la ciudad se fundó en 1756-, pero mucho menos imponente en términos de edificación. Hay muy buenos hoteles, varios all inclusive de cadenas de renombre, otros más pequeños de gran calidad y varios baratos y más sencillos, pero ni piense que hallará esa hilera interminable de resorts al estilo Bávaro-Punta Cana… por suerte.

Y decimos por suerte sin ánimos ofensivos. De hecho, son miles los que disfrutan de este renombrado balneario ícono del “todo incluido”. Lo decimos básicamente porque su sello de menor escala, su aún poco explotada costa, su ubicación peninsular con entornos naturales sorprendentes, le dan una impronta única y distintiva. Los hoteles más grandes de las cadenas internacionales no superan las 400 habitaciones (la mayoría tiene entre 120 y 220), lo que habla claramente de un perfil menos masivo.

Por ejemplo, el Gran Bahía Príncipe Cayacoa, un all inclusive de gran nivel, tiene 290 habitaciones, con estupendas vistas al mar; un restaurante buffet principal y tres temáticos a la carta; diversas piscinas; numerosas actividades en la playa (windsurf, kayak, clases de buceo, tour de snorkeling), y shows en las noches hablan de una alternativa animada y que está muy bien rankeada en los foros sociales como TripAdvisor.

Su playa Los Cayos cuenta con bandera azul, es decir, responde a los máximos esfuerzos de limpieza y sustentabilidad; es una franja de 250 metros de arenas color crema y de un tranquilo mar, entre azulino y verdoso.

PASEOS POR MONTON
Su nombre viene de Xamaná, en lengua de los indios taínos. Y entre sus historias, se dice que fue uno de los primeros lugares que visitó Colón en su viaje inicial, de hecho, hay registros de que en enero de 1493 el portugués desembarcó; sin embargo, el recibimiento que tuvo está muy lejos del que ahora tienen los turistas: hubo un hostil encuentro entre españoles e indígenas ciguayos, que terminó con los primeros levando anclas rápidamente. “Jamás había visto tantas flechas volar sobre una embarcación”, llegó a escribir Colón.

Una excursión del todo recomendable es visitar el salto El Limón, una cascada de más de 30 metros de caída libre, que se forma antes de la desembocadura del río del mismo nombre. Es un paseo por un escarpado pero bonito camino, entre tupida vegetación y con vistas desde un alto mirador; los turistas van a caballo y a cada uno lo lleva un guía que va relatando lo que veremos y lo que hay alrededor. La diferencia es que el guía va a pie, con chalas, pasando por el barro, cruzando ríos, pisando piedras y rocas y subiendo hacia lo alto de una loma, lo que produce en uno dos cosas: sentirse bastante incómodo por ir “cómodo” arriba del caballo mientras el pobre tipo (algunos nada jóvenes) hacen un ejercicio bestial; la sensación sólo desaparece con el correr de los minutos, cuando ellos mismos relatan que es algo que hacen con agrado y que en períodos de temporada alta, el paseo lo pueden hacer hasta tres veces al día. La segunda sensación -y más deprimente- es darse cuenta de que, a caballo y todo, llegamos cansados, mientras los guías se juntan a conversar entre ellos, muertos de la risa. La excursión termina con un almuerzo criollo donde Basilio y Ramona: arroz blanco, habichuelas, pollo guisado, arepas de yuca y ensaladas (US$35 excursión y almuerzo).

Otra escapada imperdible es cruzar a Cayo Levantado, una isla de apenas un kilómetro (obvio, si es que no está alojado en el Don Pablo Collection de Bahía Príncipe, estupendo hotel de 200 habitaciones y enorme confort, ideal para parejas, el único de la isla), donde podrá disfrutar de sus estupendas playas y descansar bajo la sombra de sus cocotales. Tiene una entretenida feria de artesanías y un par de bares playeros, muy frecuentados por canadienses y latinos que llegan en excursiones por el día ¡desde Punta Cana! También por dominicanos que se diferencian claramente de los turistas: todos con una helada cerveza Presidente en la mano, mientras los extranjeros suelen pedir estrambóticas piñas coladas hechas dentro de la fruta o tragos con harta parafernalia. Sea lo que sea, todos terminan alternando y conversando animadamente. Aquí, el contacto con los locales es directo y fluido y no faltará quien le recomiende probar el pescado con coco, uno de los platos más típicos y ricos de la región.

Y si quiere conocer la que ha sido considerada una de las mejores 10 playas del mundo, una embarcación lo puede llevar desde el pueblo hasta la desolada El Rincón. Para algunos, la segunda mejor de todo el Caribe. Entre curvas, alcanza los tres kilómetros de arenas sumamente blancas y densas palmeras. Los fines de semana sus puestos ofrecen pescados y mariscos frescos, hamacas para el descanso y snack, pero en general, se trata de un sitio poco frecuentado.

Tal como es, todavía, Samaná, una región que con certeza cambiará en poco tiempo. No diga que no se lo advertimos.

COMO LLEGAR

Samaná está al norte de la isla, a 245 km de distancia de la capital, Santo Domingo, la que para los chilenos resulta la mejor puerta de entrada. Una carretera nueva une ambos puntos en dos horas. Copa Airlines vuela diariamente a Santo Domingo, con conexión en Ciudad de Panamá. Desde US$ 549 más impuestos.
http://www.copaair.com

Hoteles:
La cadena Bahía Príncipe cuenta con cuatro hoteles en la zona.
http://www.bahia-principe.com

Paquetes:
Las agencias de viajes venden programas, en su mayoría de una semana a hoteles “todo incluido”, con valores muy similares a los de otros destinos de República Dominicana (desde US$ 1.400).

latercera.com

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