Buceo sostenible en zona virgen


El buceo se ha convertido en una de las actividades importantes dentro del sector turístico de la Región. No en vano, sus atractivos fondos marinos atraen a visitantes de los más variados lugares del globo. Algo así le ocurrió a Sergi Pérez García, que llegó desde Tarragona en 1996, con 24 años, a La Azohía buscando un lugar en el que establecerse y montar su propio negocio de buceo, sector en el que llevaba años trabajando por toda la geografía española. «Cuando conocí este rincón maravilloso, me quedé aquí», cuenta el propietario del centro de buceo Rivemar, que entonces tenía una propuesta de una cadena de hoteles catalana, que tenía en construcción nuevos centros en la República Dominicana, en Punta Cana, pero que se quedó enganchado por «este paraíso sin explotar: no había ni farolas y las calles estaban sin asfaltar ya casi en el siglo XXI», recuerda como curiosidad.
Catorce años después y pese a las dificultades para instalarse, considera sus inicios como «una odisea bonita y divertida» y opina que el hecho de que «la mayoría de gente de Cartagena no supiera ni qué era ni dónde estaba La Azohía, ha hecho que se mantenga la zona bastante virgen con respecto al modelo turístico que se explotó en el Mediterráneo».
Hoy su compromiso con este rincón del sureste español es tal que colabora voluntariamente con los investigadores del Instituto Español de Oceanografía -«les aportamos la logística y los sacamos a bucear para que hagan sus muestreos y mediciones; este fin de semana han estado aquí», comenta-, además de hacer mediciones para los estudios sobre las praderas de posidonia para el Instituto Oceanográfico. También redactó hace años -«unos ocho», cree- junto a otros miembros de centros de buceo, un proyecto de gestión para la reserva marina de Cabo Tiñoso, que actualmente está en fase de consulta y cuyos datos se incorporaron; lo mismo que ha ocurrido con la propuesta conjunta que presentaron Anse y Greenpeace hace tres años.
Aboga por preservar la almadraba, un arte de pesca milenaria cuya rentabilidad a día de hoy da fe de la salud de las aguas de la zona, y defiende una gestión controlada del área que va de Isla Torrosa a Isla Plana, en la que incluye, «como autocrítica al sector», la práctica de un buceo sostenible. «En los últimos años el libertinaje en el buceo ha llevado a una formación muy mala de buceadores marcada por el interés mercantil: cursos de pocas horas de agua, poca formación docente y poco interés por las cualidades que debe tener un buen buceador: la propulsión y la flotabilidad», explica Sergi, que añade que «la gente bucea relativamente segura, pero arrastra por el fondo y crea senderos que lo destrozan». Con el objetivo de luchar contra este mal buceo, en su centro elaboran una serie de documentales que servirán para completar la formación de los futuros buceadores, en los que muestran de forma práctica cómo es el buceo sostenible, porque en su opinión no se trata tanto de la cantidad de buceadores que se permitan como de la calidad de estos.
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