“El turismo humanitario en Haití resulta escandaloso”


En el Ejército fue pionero en organizar misiones en catástrofes, como médico privado introdujo en Sevilla la UVI móvil y ha forjado una estructura asistencial y un método de enseñanza de referencia para profesionales de las emergencias. Acaba de llegar de Haití, donde sus equipos curan a miles de heridosEL  desierto del Sahara le cambió la vida.  Destinado a la unidad de tropas nómadas, año y medio de rutas con camellos, de días y noches de viento y arena para atender a la población saharaui y a los destacamentos españoles (con los que vivió en primera línea la Marcha Verde marroquí en 1975), le hicieron pensar. “En circunstancias extremas se resitúa la escala de valores, queda clarísimo qué es lo importante y qué es lo superfluo. Me replantée la medicina y decidí potenciar la atención a quienes vivían las situaciones más difíciles”.

A sus 63 años, la inactividad está ajena a su vida. Pese a ser un coronel médico en la reserva, se sigue levantando a las cinco de la mañana. La empresa que creó hace 30 años, el Samu, es decana en los servicios de emergencias médicas.  Carlos Álvarez Leiva nació en Berrocal (Huelva). Hijo de padre médico y madre profesora de música, es el séptimo de  trece hermanos. La infancia y juventud ya la vivió con la familia residiendo primero en Salteras y después en La Rinconada. Estudió bachillerato en el Colegio San Felipe Neri, en Cádiz, y en Sevilla la carrera de Medicina.  Casado en segundas nupcias, su actual esposa es profesora de la Escuela de Ciencias de la Salud. Viven en Los Remedios, tienen cuatro hijos (periodista, economista, ingeniero informático y estudiante de Medicina, todos han pasado por centros educativos de Estados Unidos) y cuatro nietos.

-¿Ser hijo de médico es una ventaja para aprender mejor?

-En mi caso sí porque mi padre en cada pueblo tenía que hacer de todo: curas, partos, autopsias, etc.  Y descubrí el verdadero sentido de la proximidad con el paciente, de la relación muy personal.

-¿Cuándo comenzó con la medicina de emergencia?

-En la  unidad del Copero, en Sevilla, configuramos el primer helicóptero medicalizado en España. En Sevilla montamos las primeras evacuaciones heliotransportadas. Trasladábamos enfermos graves desde Ceuta, Algeciras, Badajoz, etc., al Hospital Virgen del Rocío. Después pasé al Hospital Militar de Sevilla, donde fui  jefe de servicio de la unidad de cuidados intensivos. Estando en El Copero nos mandaron en 1986 a la primera misión internacional, fue en Nicaragua, cuando los sandinistas gobernaban y sufrían el acoso bélico de los contrarrevolucionarios. Estuvimos cuatro meses en Estelí, durmiendo bajo las ventanas para evitar los disparos de la contra. Y después participé en la organización del EMAT (Escalón Médico Avanzado del Ejército de Tierra) para especializarlo en misiones durante conflictos bélicos o catástrofes, era una modalidad de intervención nueva para las Fuerzas Armadas españolas.

-¿Cuál fue su primera misión en el EMAT?

-Un terrible terremoto en Irán, en 1990. Hubo 35.000 muertos. Después fuimos a una bien distinta: en el Kurdistán iraquí, dentro de una misión coordinada por la ONU. Sadam Hussein había diezmado a la población, que huyó a las montañas con lo puesto. Creamos los ríos azules, escalonando la ayuda en un corredor humanitario de sanidad, alimentación, combustible, etc., para que la población volviera a sus localidades y confiara en que no corría peligro, teniendo a su disposición cada vez más servicios conforme iba bajando.

-¿Una misión de gran dificultad?

-Todas la  tienen. La guerra de Bosnia, la guerra de Kosovo, en ambas con periodos rotatorios de tres meses en la  zona; el tremendo terremoto de Turquía en 1999, con 17.000 muertos en la región de Izmit; el devastador  tsunami  en Indonesia en la Navidad de 2004, estuvimos seis semanas trabajando en Sumatra… Quizá la más complicada fue la de Mozambique, en 2000 hubo tremendas inundaciones y quedaron aisladas un millón de personas. Fuimos cien militares del EMAT a una región selvática donde nadie quiso intervenir y la población se moría de hambre, malaria, tifus, disentería, etc.

-¿Cómo se monta un hospital de campaña en un lugar insalubre?

-Con un puente aéreo de helicópteros, lo primero fue fumigar desde el aire para despejar un área equivalente a un campo de fútbol y tenerla libre de mosquitos y serpientes. Cuando empezamos a instalar el hospital de campaña, nos localizaron monjas de las Hijas de la Caridad, estaban desesperadas porque muchos niños habían huido a la selva en busca de comida, viviendo en árboles. El 60% de nuestros efectivos se puso de inmediato a buscar niños por la selva, y en 24 horas rescatamos a más de 200. Los duchamos, los desparasitamos y les damos leche y galletas. Y después empezamos a localizar a mujeres lactantes, que eran un seguro de vida para ellos. El resto del equipo montó rápidamente una UCI, un quirófano, un laboratorio, un equipo de radiología, etc.

-¿Hay que ser de una pasta especial para actuar en estas misiones?

-Todo es muy distinto a cualquier actividad médica, hay que cambiar el chip.  Por buena voluntad que se tenga, la primera lección es que no todo el quiere, puede intervenir. Lo segundo es aprender a gestionar la incertidumbre: duerme cuando puedas, come cuando puedas tu única ración diaria, dúchate con un cubo y la mínima agua posible, todo es variable. Y tener clarísimas las prioridades. Somos máquinas de salvar vidas, no podemos perder el tiempo en pensar, hay que mandar, actuar y obedecer sin cesar. La preparación psicológica es importante para proceder de esa manera. Y el que no vale, no está.

-Desde el Samu, ¿cómo financian sus misiones humanitarias?

-Con nuestros fondos y con ayudas que logramos. Tanto para el tsunami en Sumatra como para el terremoto de Haití, el Ayuntamiento de Sevilla nos ha apoyado con gran rapidez. Para Haití nos han aportado un crédito de 125.000  euros.  Lo más caro en los despliegues humanitarios es el transporte. Cada persona nos supone un coste de 2.000 euros. Y las compañías aéreas, ahora que hay mucha demanda, han subido un 50% el precio de los billetes a República Dominicana. Vergonzoso.

-¿Haití es el escenario más dantesco que ha visto?

-Sin duda, no he conocido mayor generalización de miseria, precariedad, heridos, mutilados, fijación de miembros… No he visto más hacinamiento. La gente vive en parques y calles donde lo hace todo: comer, defecar, etc. El tráfico es casi imposible porque la población ocupa las vías. Nos situamos en Jimaní, junto a la frontera con República Dominicana.  Sabía que Jimaní sería un lugar de atención masiva, y en el que poder asentarnos rápido, porque se iba a producir el éxodo desde Puerto Príncipe, adonde las ayudas no podían llegar en el caos de los primeros días. El auxilio a heridos es incesante, hasta  400 al día. Es que no se para.

-¿Cuántas personas siguen allí trabajando a sus órdenes, un mes después del terremoto?

-Siempre hay un mínimo de 20. Ana  Quintero es quien manda ahora el  operativo. Ya tenemos también en Puerto Príncipe una unidad de atención itinerante. Queremos estar allí el mayor tiempo posible, en función de nuestra capacidad de lograr recursos. Comprendo que es una época muy mala para pedir continuamente solidaridad a la población sevillana. Pero hay que buscar fondos. Y dárselos a quienes los gastan bien. Nunca a los políticos locales, eso es corrupción asegurada.

-¿Ha regresado a los países donde ha estado por catástrofes?

-Procuro ir años después. Lo he hecho en Turquía, en Bosnia, en Sumatra. El ciclo siempre es el mismo. Al principio, mucha solidaridad, gran atención mediática, pero no se remedian todas las lacras que deja la tragedia y la población, olvidada, las sigue sufriendo.

-Detalles colaterales que le han llamado la atención en Haití alrededor del drama colectivo.

-Es llamativa la globalización tecnológica. Raro es la persona herida que llega a nuestro hospital de campaña y no lleva un móvil en la mano, incluso los chavales. Y todos los equipos de emergencia estaban conectados a Facebook, transmitiendo fotos por doquier. Además, el turismo humanitario es cada vez más escandaloso. Es lamentable la cantidad de gente que acude a Haití para estar sólo dos o tres días, con lo cual su aportación es irrisoria. Pero se hacen fotos o videos con la tragedia, para que en periódicos y  televisiones quede constancia de su paso.

-¿De qué está más orgulloso?

-Del Premio Príncipe de Asturias a las operaciones humanitarias internacionales del Ejército español.  Y sobre todo del máster universitario en  emergencias,  no existe en España otro tipo de formación similar. La mayor parte de los profesionales que ejercen en el 061 o en el 112 han pasado por nuestra escuela en Cartuja y algunos gestionan esos servicios en diversos lugares de España. En cada promoción entran 20 médicos y 20 enfermeros. Sólo de médicos cada año tenemos unas 500 solicitudes.

Juan Luis Pavón | Actualizado 14.02.2010

http://www.diariodesevilla.es/

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